viernes, 5 de octubre de 2007

Esparta


Origen
La ciudad fue fundada tras la conquista de la llanura de
Mesenia por los habitantes de la vecina Laconia (730 adC-710 adC). Después del período aqueo, Esparta se convirtió en una ciudad doria. La Esparta doria no se convirtió enseguida en la gran ciudad que luego llegaría a ser. Al principio estuvo minada por disensiones internas. Las reformas de Licurgo en el siglo VII adC fueron un verdadero punto de inflexión en la historia de la ciudad: a partir de entonces todo se encaminaría a reforzar su poderío militar y Esparta se convertirá en la ciudad hoplita por excelencia.
Esparta sometió a la totalidad de
Laconia: comenzó por conquistar toda la vega del Eurotas para, a continuación, rechazar a los de Argos y asegurarse toda la región. La segunda etapa consistió en la anexión de Mesenia. En este momento, Esparta era ya la ciudad más poderosa del área, con la Arcadia y Argos como únicos rivales. A mediados del siglo VI adC Esparta sometió también las ciudades de Arcadia y posteriormente Argos. Todas ellas se verían forzadas a firmar pactos leoninos.
En el año
506 adC Cleómenes I utilizó sus alianzas para organizar una expedición que reunía, según Heródoto (V, 74), a "todo el Peloponeso". En esa ocasión tuvo lugar la primera crisis: Cleómenes alistó el ejército sin explicar sus objetivos, ni geográficos ni políticos. Esto nada tenía de excepcional, pero cuando en Eleusis los corintios cayeron en la cuenta de que se trataba de marchar contra Atenas y derrocar a los pisistrátidas (descendientes del tirano Pisístrato), dieron media vuelta, seguidos por el otro rey espartano, Demarato. Es lo que se conoce como "divorcio de Eleusis". A fin de no reincidir en el mismo fracaso, Esparta convocó entonces una cumbre con sus aliados, probablemente en el 505 adC, para discutir una nueva intervención en Atenas, esta vez con el propósito de reponer a Hipias. Sin embargo, tuvo que renunciar ante la firme oposición aliada. Se puede situar en este encuentro el nacimiento formal de la Liga del Peloponeso.
Fortalecida con dicha Liga y apoyada en su poderoso ejército, a comienzos del
siglo V adC. Esparta se encontró sin rival en todo el Peloponeso.

Guerras médicas
En el
siglo VI adC, Esparta se había interesado por el Asia Menor, entre otras cosas suscribiendo una alianza con Creso, rey de Lidia. Al comienzo del reinado de Cleómenes I, sin embargo, se mostraría más aislacionista, rechazando apoyar, en el 499 adC, la revuelta de las ciudades de Jonia contra los medos (persas), para centrarse en consolidar su propio imperio del Peloponeso. En 491 adC, cuando Cleómenes logró desembarazarse de Demarato, las cosas cambiarían. Los espartanos arrojaron a un pozo a los emisarios de Darío I, llegados para reclamar la tierra y el agua, acto simbólico de aceptación de la hegemonía universal de los aqueménidas, y despacharon refuerzos a los atenienses (refuerzos que llegaron a Maratón demasiado tarde para participar en la gran victoria griega).
En el año
481 adC, cuando Jerjes reclamó de nuevo la tierra y el agua a todas las ciudades griegas, exceptuando a Atenas y Esparta, fue naturalmente a ésta última a la que se le confió encabezar la liga panhelénica, incluyendo la flota, pese a la hegemonía marítima de Atenas. Tras haber renunciado a defender Tesalia, los espartanos, mandados por su rey Leónidas, defendieron valerosamente el desfiladero de las Termópilas, retrasando en forma notable el avance de los persas, y permitiendo a la flota replegarse hacia Salamina. En contrapartida, la total victoria de Salamina fue obra de los atenienses, quienes casi hubieron de recurrir al chantaje para forzar la batalla en el estrecho, siendo así que el navarca –almirante- espartano de la flota, Kriatos, deseaba replegarse al istmo de Corinto
En el 479 adC, las victorias de Platea y Micala se lograron bajo el mando del rey Pausanias, único rey de la ciudad en aquel momento debido a la minoría de edad del otro rey, Pleistarcos. El rey Pausanias recibió la misión de destruir el puente de barcas construido por los persas sobre el Bósforo, con el fin de dificultar su retirada, pero una tempestad se encargó por él del trabajo. Con el restablecimiento de la paz, Esparta propuso abandonar a su suerte las ciudades jonias, demasiado lejanas, pero tropezó con la oposición de Atenas, lo mismo que en su sugerencia de expulsar de la anfictionía de Delfos a las ciudades culpables de "medismo" o alianza con los persas: es decir, las de Tesalia

Guerra del Peloponeso
Apenas terminadas las guerras médicas, Esparta se inquietó por el creciente poderío de Atenas, enardecida ésta por sus victorias contra los persas. Presionada por
Egina y Corinto, Esparta prohibió a Atenas reconstruir sus murallas, destruidas por los persas. Esto no impidió a Atenas abandonar la Liga Panhelénica para fundar la Liga de Delos. Esparta no llegó a desencadenar una guerra y las relaciones se mantuvieron estables hasta el 462 adC, año en el que desdeñó y envió de vuelta un contingente ateniense dirigido por Cimón, que había acudido a socorrerla en plena revuelta de los ilotas. Esto supuso la ruptura, sellada con la condena al ostracismo del espartófilo Cimón por sus compatriotas de Atenas.
Las hostilidades propiamente dichas comenzaron en el
457 adC, a requerimientos de Corinto. Tras una serie de victorias y derrotas para ambos bandos, se alcanzó una paz inestable que duraría cinco años. En el 446 adC, las revueltas de Megara y Eubea reavivaron el conflicto. Esparta, a la cabeza de las ciudades coaligadas, arrasó el Ática. El propio rey espartano Plistoanacte fue acusado de corrupción por no haber proseguido la ofensiva, y condenado al exilio. En el 433 adC, por último, el asunto de Corcira dio lugar al inicio de la Guerra del Peloponeso.
La guerra se prolongaba demasiado.
Pericles decidió abandonar el Ática al pillaje sistemático de los espartanos, acogiendo a la población dentro de los Muros Largos , que unían Atenas con su puerto, El Pireo. En el 425 adC se produjo la humillante derrota de Esfacteria, donde 120 Iguales (ver más abajo), pertenecientes en su mayor parte a las grandes familias de Esparta, fueron capturados en un islote. La ciudad tendría que rendir la flota para recuperar a sus hoplitas. El golpe fue traumático: era la primera vez que se veía a los Iguales rendirse en vez de combatir hasta la muerte. En el 421 se firmó en Nicias una paz largo tiempo anhelada.
Pese a todo, las tensiones permanecieron. Esparta y Atenas chocaron nuevamente en el
418 adC por una disputa territorial en Mantinea. Atenas decidió que Esparta había roto los tratados, y la guerra recomenzó en el 415 adC. Los atenienses organizaron una expedición contra Sicilia que terminó en desastre. La revuelta de las ciudades jonias de la Liga de Delos permitió a Esparta imponerse en el campo de batalla. En el 404 adC, una Atenas sitiada terminó por capitular.
Esparta obligó a Atenas a acortar los Largos Muros en diez
estadios (algo menos de dos kilómetros) por cada extremo, y a unirse a la Liga del Peloponeso. Los espartanos, sin embargo, titubeaban respecto al sistema de gobierno que impondrían a la ciudad. Todo el mundo estaba de acuerdo en la necesidad de poner fin a la democracia, pero se dudaba entre una oligarquía radical bajo tutela espartana y otra más moderada, sin guarnición espartana para sostenerla. El general Lisandro, gran artífice de la victoria sobre Atenas, impuso el gobierno de los Treinta Tiranos, pero el otro rey, Pausanias, permitió enseguida el derrocamiento y huida de los Treinta y de sus partidarios, y apoyó en cambio a los oligarcas moderados que se habían quedado en Atenas. Con todo, a su regreso a Esparta Pausanias sería juzgado, y ocho años después de su absolución, se vería condenado cuando Atenas volviera a tomar las armas contra Esparta.

El imperialismo espartano del siglo IV adC
Esparta se había lanzado a la Guerra del Peloponeso bajo la bandera de la libertad y de la autonomía de las ciudades, amenazadas por el imperialismo ateniense. Pero, tras haber vencido, haría ella otro tanto: impuso tributos, gobernantes títeres e incluso guarniciones. A partir del
413 adC, Tucídides la describía como la potencia que "ejerce sola desde ahora la hegemonía sobre toda Grecia" (VIII, 2, 4).
Esparta cambió en consecuencia de política ante
Persia, haciéndose la portavoz del panhelenismo. En primer lugar, se produjo la expedición de los Diez Mil narrada por Jenofonte en la Anábasis, derrotada en el 401 adC. En el 396 adC, el rey Agesilao II fue enviado a derrocar a Tisafernes, sátrapa de Caria, y proteger a las ciudades griegas. Los sueños imperiales de Agesilao terminaron rápidamente, porque se le convocó de vuelta a causa de los acontecimientos en Grecia: Atenas, Tebas, Argos y otras ciudades se habían rebelado contra Esparta. Era el inicio de la Guerra de Corinto. La coalición fue derrotada en Coronea y Nemea (394 adC), pero Esparta perdió la hegemonía marítima que tenía por entonces. Entre tanto, los persas se lanzaron a una contraofensiva, y Atenas reconstruyó sus Largos Muros. Bajo la amenaza, Esparta terminó por firmar la paz de Antálcidas, tanto con los griegos como con los persas (386 adC).
Esta paz, protegida por el
Gran Rey persa, permitía en realidad a Esparta continuar su política imperialista con la excusa de proteger la autonomía de las ciudades más pequeñas. Esparta obligó a Argos a conceder a Corinto su independencia, e incluso a Olinto a respetar la autonomía de sus ciudades de la Calcídica.
En el
378 adC, sin embargo, el conflicto volvió a aparecer tras una razia espartana contra El Pireo. Concluyó con la paz entre Atenas y Esparta (371 adC), preocupadas ambas por los avances de Tebas. Esparta lanzó de inmediato un ataque contra la ciudad beocia que terminó en el desastre de Leuctra. El general tebano Epaminondas destrozó el ejército espartano comandado por Kleómbrotos I y organizó una poderosa ofensiva contra Esparta. Ésta se vería obligada a reclutar a numerosos ilotas a fin de proteger la ciudad. Era el final de la hegemonía espartana.

Declive del poder espartano
La hegemonía espartana fue clara entre el
403 adC y el 371 adC. Tras la batalla de Leuctra no solamente perdió Esparta dicha hegemonía, sino también la mayor parte de Mesenia y la Liga del Peloponeso, que quedó disuelta. La irrupción de Macedonia en la arena política griega tampoco mejoraría las cosas. En el 330 adC el rey Agis III atacó a Antípatro, lugarteniente de Alejandro Magno, a la cabeza de una coalición peloponesa, pero fue vencido y muerto en la batalla de Megalópolis. Durante la Guerra Lamiana (a la muerte de Alejandro, en el 323 adC), Esparta se hallaba demasiado débil para participar. La debilidad de Esparta permitiría medrar a la Liga Aquea, mientras que las revoluciones de Agis IV y Cleómenes III minaban las instituciones de la ciudad. Éste último se enfrentó con algún éxito a los aqueos, pero la intervención macedonia de Antígono III supondría la terrible derrota de Selasia, que condujo a la toma de Esparta. En el 207 adC llegó al trono Nabis, que poco después se convertiría en tirano de Esparta y reiniciaría la guerra contra los aqueos. En el 205 adC Esparta se alíó con Roma, modificando de raíz el equilibrio de fuerzas en la región. Los aqueos se apresuraron a firmar también tratados con Roma, enemistada por entonces con Macedonia. En el 197 adC Roma, en alianza con las demás ciudades griegas, se volvió contra Esparta, que se vio obligada a firmar la paz en el 195 adC. Perdió con ello una parte importante de su territorio, el derecho a reclutar periecos, su puerto (en Gitión) y casi toda su flota.
En el
192 adC la Liga Aquea obligó a Esparta a ingresar en sus filas. Los espartanos se vieron forzados a derruir sus muros (los primeros de su historia, que Nabis había mandado edificar), libertar a los ilotas, abolir la "agogé" o educación específicamente espartana, etc. Se creó una situación de gran inestabilidad social que no se calmaría hasta el 180 adC, cuando quedaron sin efecto las prohibiciones y regresaron los exiliados.
Las tensiones con la Liga Aquea, sin embargo, no habían terminado. En el
148 adC los aqueos atacaron y derrotaron a Esparta. Roma intervino, exigiendo que Esparta y Corinto quedaran separadas de la Acaya. Los aqueos, furiosos, retomaron las armas, pero fueron aplastados por Roma en el 146 adC. Esparta se hallaba en teoría en el bando vencedor, pero en la práctica perdió sus ciudades periecas, que formaron por su cuenta la koinonía (alianza) de los Lacedemonios. Esparta no era ya más que una ciudad de segundo orden, autónoma pero aislada, muy lejos de su esplendor de antaño.

La dominación romana
Durante la dominación romana, ya sin ambiciones militares ni políticas, Esparta se concentró en lo que tenía de más específico: la
educación espartana. Ésta se endureció, atrayendo a los "turistas", ávidos de ritos violentos y extraños. De este modo, los combates rituales que tradicionalmente se habían disputado en el santuario de Artemisa Ortia, bajo la dominación romana pasaron a convertirse en la "dimastígosis": los niños eran flagelados, en ocasiones hasta la muerte. Cicerón lo relata en las Tusculanas (II, 34): la multitud que acude al espectáculo es tan numerosa que se hace necesario construir un anfiteatro delante del templo para acogerla. Este espectáculo atraerá turistas hasta el siglo IV de nuestra era, como lo testimonia Libanio (Discursos, I, 23).
Esparta fue saqueada por los
hérulos en el 267, y definitivamente arrasada por Alarico I, rey de los visigodos, en el 395. Los bizantinos edificarían luego la ciudad de Mistra cerca de las ruinas de la antigua Esparta.
En el
siglo V adC, los espartanos propiamente dichos, los "Iguales", representan una pequeña parte de la población global de la ciudad. En el 480 adC, el rey Demarato estima el número de hoplitas movilizables en algo menos de 8.000 (Heródoto, VII, 234). Este número caerá a lo largo del siglo V adC, principalmente a causa del terremoto del 464 adC que, según Plutarco (Cimón, 16, 4-5), destruyó el gimnasio, matando a toda la efebía de Esparta, así como a la revuelta de los ilotas, que supuso diez años de guerrilla. Así, cuando la batalla de Leuctra (371 adC), no había más que 1.200 hoplitas movilizables, de los cuales 400 murieron durante el combate.
El número de los periecos era superior al de los Iguales. Se puede estimar que había unas cien aglomeraciones de periecos, pues dice Estrabón que Esparta era conocida como "la ciudad de las cien villas". Los ilotas (o siervos) pueden calcularse entre 150.000 y 200.000. De acuerdo con Tucídides, se trataba del grupo servil más numeroso de Grecia.

Los ciudadanos
Los únicos que poseían derechos políticos eran los espartanos propiamente dichos, llamados "astoi" o "ciudadanos" (término más aristocrático que el de "polités", habitual en otras ciudades griegas). También se les conocía como "
Homoioi" ("Pares" o "Iguales"). Al parecer, no todos los espartanos fueron "Iguales". Existía un cierto número de ciudadanos considerados cobardes en el combate, a los que los historiadores denominan con el término latino de "tresantes" ("los temblorosos"). Según Heródoto, Jenofonte, Plutarco y Tucídides, a los "temblorosos" se les sometía a toda clase de desprecios y vejaciones: obligación de pagar el impuesto de soltería, expulsión de los equipos de pelota, de los coros, de las comidas en común, etc. Su estado de marginación era casi tan absoluto como el de los ilotas, con la excepción de que ellos sí podían acceder a los lugares públicos (siempre en los últimos puestos) y que les estaba permitido redimir su deshonra mediante actos de valor en la guerra.
Un auténtico espartano debía ser hijo de padres espartanos, haber recibido la
educación espartana, hacer sus comidas junto a los demás ciudadanos en los comedores públicos y poseer una propiedad suficiente como para permitirle sufragar los gastos de su ciudadanía.
El nombre de "Homoioi" ("Iguales") es testimonio, según Tucídides, del hecho de que en Esparta "se ha instaurado la máxima igualdad entre el estilo de vida de los acomodados y el de la masa" (I, 6, 4): todos llevan una vida en común y austera.

Los no ciudadanos: ilotas y periecos
Los
ilotas son los campesinos de Esparta. Su estatus se crea con la reforma de Licurgo. No son estrictamente esclavos, sino siervos: están adscritos a la propiedad que cultivan, pueden casarse y tener hijos y se quedan con los frutos de su trabajo una vez deducida la renta que corresponde al titular de la hacienda.
De modo excepcional, los ilotas podían ser reclutados para el ejército y liberados luego. Mucho más numerosos que los ciudadanos, la reforma de Licurgo les dejó por completo al margen de la vida social. Los "Iguales", que temían su rebelión, les declaraban solemnemente la guerra cada año, les humillaban y aterrorizaban (ver "
Krypteia").
También los
periecos (habitantes de la periferia), el tercer grupo social de Esparta, son mantenidos al margen del cuerpo cívico por la reforma de Licurgo, que les niega cualquier derecho político. Aunque libres, jamás participan en las decisiones. Poseen el monopolio del comercio y comparten el de la industria y la artesanía con los ilotas. Entre los periecos hay también campesinos, reducidos a cultivar los terrenos menos productivos.

La educación espartana
Artículo principal:
Educación espartana
La educación espartana,
agogé, sistema educativo introducido a partir de Licurgo, se caracteriza por ser obligatoria, colectiva, pública y destinada en principio a los hijos de los ciudadanos, aunque parece que en ocasiones se debió admitir a ilotas o periecos, y los hijos de un ateniense como Jenofonte se educaron en Esparta. La educación espartana estaba enfocada principalmente a la guerra y el honor, hasta tal punto que las madres espartanas decían a sus hijos al partir hacia la guerra: vuelve con el escudo o encima de él, en referencia a que mantuviesen el honor y no se rindiesen nunca aunque con ello perdieran la vida.
Esparta practicaba una rígida eugenesia. Nada más al nacer, el niño espartano era examinado por una comisión de ancianos en el Pórtico, para determinar si era hermoso y bien formado. En caso contrario se le consideraba una boca inútil y una carga para la ciudad. En consecuencia, se le conducía al Apótetas, lugar de abandono, al pie del monte Taigeto, donde se le arrojaba a un barranco. De ser aprobado, le asignaban uno de los 9.000 lotes de tierra disponibles para los ciudadanos y lo confiaban a su familia para que lo criara, siempre con miras a endurecerlo y prepararlo para su futura vida de soldado.
A los siete años o los cinco, según Plutarco, se arrancaba a los niños de su entorno familiar y pasaban a vivir en grupo, bajo el control de un magistrado especial, en condiciones paramilitares. A partir de entonces, y hasta los veinte años, la educación se caracterizaba por su extrema dureza, encaminada a crear soldados obedientes, eficaces y apegados al bien de la ciudad, más que a su propio bienestar o a su gloria personal. Los muchachos deben ir descalzos, sólo se les proporciona una túnica al año y ningún manto y, sometidos a una subalimentación crónica, se les fuerza a buscarse su propio sustento mediante el robo. Las disciplinas académicas se centran en los ejercicios físicos y el atletismo, la música, la danza y los rudimentos de la lectura y escritura.
Por lo que a la educación de las niñas se refiere, se encaminaba a crear madres fuertes y sanas, aptas para engendrar hijos vigorosos. Por ello, insistía igualmente en la educación física, así como en la represión sistemática de los sentimientos personales en aras del bien de la ciudad.

Sistema Político
El sistema político espartano, así como el educativo, se atribuyen al mítico
Licurgo en el siglo VII adC (aunque Plutarco lo sitúa entre el IX y el VIII adC). Era éste tío y regente del rey Leobotas de Esparta. Habiendo consultado en Delfos a la Pitia, fue llamado por ésta "dios más que hombre" y recibió un oráculo aprobatorio para la futura constitución de la ciudad, la "Gran Retra", al parecer muy inspirada en la legislación cretense. La Gran Retra fue probablemente no escrita y debió elaborarse a lo largo de las Guerras Mesenias, que hicieron entrar en crisis a la aristocracia y a la ciudad entera. A fin de garantizar su subsistencia se instituyó la "eunomía" o igualdad de todos ante la ley, con el propósito de eliminar privilegios y descontentos. Pero, a diferencia de Atenas, la eunomía espartana era sinónimo de una enorme disciplina. Todos los miembros de la ciudad hubieron de hacer sacrificios: la corona, la aristocracia y el pueblo. El sistema de Licurgo busca una simbiosis en la que coexisten los diversos sistemas políticos conocidos en el ámbito griego: la monarquía (hay dos reyes), la oligarquía (se establece una "gerusía" o consejo de ancianos), la tiranía (con el consejo de gobierno de los "éforos") y la democracia (hay una asamblea popular).

La eunomía
Resulta evidente que la crisis del
siglo VII adC no podía ser resuelta más que mediante la creación de un ejército de hoplitas que sucediera a los guerreros a caballo o en carros. Y es la aparición de la clase de ciudadanos que lo forman, a través de la absorción de la aristocracia terrateniente por la masa popular, lo que da lugar a la "eunomía" ("buena ley"). Dicha absorción se llevará hasta el extremo, a fin de crear la igualdad total. Los aristócratas renuncian totalmente a sus privilegios: en el siglo VI adC, la ciudadanía de Esparta cuenta con entre 7.000 y 8.000 Homoioi ("Iguales"). La aristocracia terrateniente renuncia a sus propiedades para ponerlas en común. Cada cual recibe un lote ("klerós", "lote-heredad") equivalente e inalienable: no se puede vender ni hipotecar. Su cultivo se encomienda a los siervos del Estado (los ilotas), que entregan las rentas en especie al propietario para que sostenga a su familia, pero sin que se pueda enriquecer. Los ciudadanos tienen prohibido el comercio; de este modo, todo el mundo está plenamente disponible para la guerra, única actividad verdaderamente cívica y en la que se centra el proceso educativo, igual para todos. La igualdad, por último, se extiende al ámbito político, puesto que todos participan en la asamblea.

La asamblea (Apella)
Es ésta la reunión de todos los iguales, convocados en fechas fijas. Corresponde a la
apella (asamblea) aprobar o no las propuestas de los éforos (aunque sin debatirlas, pues parece que ningún ciudadano toma la palabra), ya sea por aclamación o, más raramente, por desplazamiento de los votantes. También la gerusía le somete sus proyectos, aunque el voto de la asamblea no es vinculante y los ancianos pueden considerar que el pueblo se ha equivocado. Por último, correspondía a la asamblea elegir a los éforos y a los gerontes por un sistema que Aristóteles consideraba pueril: unos cuantos magistrados, desde un lugar cerrado, medían la intensidad de las aclamaciones que recibía cada candidato.
En realidad, el funcionamiento de la asamblea en Esparta nos es poco conocido: se ignora, por ejemplo, si estaba permitido que cualquier ciudadano tomara la palabra para proponer una ley o enmienda, o si en definitiva la única misión de la asamblea era elegir a éforos y gerontes. En opinión de Aristóteles, la asamblea tenía un poder tan limitado que ni siquiera la menciona como elemento democrático dentro del régimen político espartano.

Los reyes
Al menos desde la reforma de Licurgo, en el siglo VIII adC, Esparta cuenta con
dos reyes, uno perteneciente a la dinastía de los Agiadas y el otro a la de los Europóntidas, enraizadas ambas –según la leyenda- en dos gemelos descendientes de Heracles. Los miembros de ambas familias no podían contraer matrimonio entre sí y sus tumbas se hallaban en lugares distintos. Ambos reyes tenían igual rango.
El poder real se transmitía al "más próximo descendiente del más próximo ostentador del poder más cercano a la realeza" (Pierre Carlier, La royauté en Grèce avant Alexandre (La realeza en Grecia antes de Alejandro), AECR, 1984), es decir, que el hijo pasa por delante del hermano, y que aun existiendo el derecho de primogenitura, el hijo nacido cuando el padre es ya rey tiene prioridad sobre aquellos nacidos antes de su advenimiento al trono. En cualquier caso, parece que los espartanos interpretaban con flexibilidad estas normas sucesorias.
Los poderes de los reyes eran esencialmente militares y religiosos. Al principio, los monarcas podían hacer la guerra al país que desearan, siendo sus decisiones colegiadas. A partir del
506 adC, fecha del famoso "divorcio de Eleusis", los reyes harán sus campañas por separado. En el siglo V adC parece que es ya la asamblea la que vota la guerra y los éforos quienes deciden sobre la movilización. El rey, quienquiera que sea, es siempre el "hegemón" o comandante en jefe durante las campañas militares; tiene autoridad sobre los demás generales, puede acordar treguas y combate en primera línea en el ala derecha, protegido por su guardia de honor de cien hombres, los "Hippeis".

La gerusía
La
gerusía o consejo de ancianos estaba constituida por los dos reyes y por otros veintiocho hombres mayores de sesenta años, elegidos por aclamación de la asamblea tras presentar su candidatura. Elegidos por su sensatez y capacidad militar, la mayoría de los gerontes pertenecían a las grandes familias de Esparta, pese a que, en teoría, cualquier ciudadano, aun sin fortuna o rango elevado, podía presentarse al cargo.
El papel político de la gerusía era de gran importancia y no rendía cuentas a nadie. Parece que a ella le correspondía el monopolio de la propuesta y elaboración de nuevas leyes, estaba encargada de gestionar todos los asuntos de política interna y tenía competencia para juzgar a los reyes. También poseía, en la práctica, el derecho de veto sobre las decisiones de la asamblea, aunque hasta el
siglo III adC no se conoce ningún caso en el que lo hiciera efectivo.
Los ancianos constituían también una especie de tribunal supremo que juzgaba los delitos y podía imponer la pena de muerte o la pérdida de los derechos cívicos.

Los éforos
Los
éforos ("supervisores"), preexistentes a la reforma de Licurgo, formaban un colegio de cinco magistrados elegidos por la asamblea para un mandato anual. Su rango era similar al de los reyes, de los que constituían un auténtico contrapoder. No eran reelegibles y, al término de su mandato, debían someterse a una rendición de cuentas si así lo exigían sus sucesores. En este caso podían ser condenados incluso a la pena de muerte.
El colegio de los éforos fue lo más parecido a un poder ejecutivo moderno que llegó a conocer la antigua Grecia. Como su nombre indica, estaban encargados de supervisar a los reyes y al resto de los habitantes de la ciudad, llegando su autoridad al mismo aspecto físico de las personas. Ellos eran quienes vigilaban el respeto a las tradiciones, imponían sanciones y penas de prisión (incluso a los mismos reyes) y podían ordenar ejecuciones (a veces extrajudiciales, como las de los ilotas durante la
krypteia). También se hacían cargo de los asuntos exteriores, ejecutando las decisiones de la asamblea (presidida por ellos), ordenando movilizaciones y tomando cualquier decisión urgente que fuera necesaria. Uno de los éforos era el "epónimo", es decir, daba su nombre al año, aunque se desconoce la forma en que se le escogía. Los nombres de los otros aparecían detrás en los documentos oficiales, por orden alfabético.
El poder de los éforos fue tan amplio que Aristóteles lo equipara al de los
tiranos. En realidad, su función teórica era la de representar al pueblo y, de hecho, Cicerón les compara en La República a los tribunos de la plebe. Todos los meses los reyes juraban respetar las leyes, mientras que los éforos juraban defender el poder real pero a su vez lideraban a las polis.

La religión en Esparta
La religión ocupa en Esparta un lugar más importante que en otros lugares de Grecia. Así lo atestigua el gran número de templos y santuarios: 43 templos de divinidades, 22 templos de héroes, no menos de quince estatuas de dioses y cuatro altares, a lo que hay que añadir numerosos monumentos funerarios urbanos.
Llama la atención la importancia que adquieren entre los espartanos las divinidades femeninas, particularmente
Atenea bajo gran número de epíclesis o advocaciones. Entre los dioses masculinos es Apolo al que se le rinde un culto particular y está presente en todas las grandes fiestas de la ciudad. Es notable también el culto tributado a los héroes de la Guerra de Troya: Aquiles, por encima de todos, pero también Agamenón, Casandra (bajo el nombre de Alejandra), Clitemnestra, Menelao e incluso Helena. Los Dioscuros Cástor y Pólux, gemelos de Zeus, de los que la tradición afirma que nacieron en Esparta, tienen también un vínculo particular con los reyes. Heracles, por su parte, es una especie de héroe nacional espartano, venerado de modo especial por los jóvenes.

Imágenes de las Primeras Civilizaciones: Mesopotamia y Persia





Imágenes de las primeras civilizaciones: Israel y Fenicia















Las Primeras Civilizaciones


Las civilizaciones más antiguas surgieron a orillas de los grandes ríos. En los primeros tiempos de la historia los hombres habían buscado aquellos lugares que tenían mayores ventajas para desarrollarse. Fue así como los espacios ideales para el asiento de las poblaciones fueron los valles fértiles y las llanuras aluviales.
Las ventajas más importantes que ofrecían los ríos para el asentamiento humano eran:
Las aguas permitían el desarrollo de la agricultura.
A través de los ríos era más fácil el transporte de mercaderías, ya que los caminos terrestres eran prácticamente inexistentes
El río aseguraba una pesca constante. El pescado fue fundamental en la alimentación de los pueblos antiguos.
El constante fluir de los ríos limpiaba el aire, llevándose las pestes que podían afectar la salud de los hombres.
Las primeras culturas se desarrollaron junto a los ríos o cerca del mar, aprovechando las ventajas que ofrecía la naturaleza.
Características
El desarrollo hacia la civilización, con la complejidad que ello implicó, se caracterizó por: el uso de los metales; la organización social y política; el establecimiento de ciudades y Estados; la creación de instituciones; y la división del trabajo, con una producción organizada de alimentos, vestuario y herramientas.
Además, por la ordenación del comercio; la aparición de formas superiores y monumentales del arte; los comienzos del conocimiento científico; y finalmente, el invento de la escritura, que permitiría fijar y propagar el conocimiento.

En el cercano oriente
Las primeras civilizaciones se desarrollaron en el Cercano Oriente. Ejercieron gran influencia en la cultura greco-latina y contribuyeron en forma decisiva a la formación de la cultura occidental.
Las tierras del Cercano Oriente fueron habitadas por diversos pueblos. A los mesopotámicos y egipcios, es necesario agregar los fenicios y los hebreos, que fueron menos numerosos, pero no menos importantes. Los Fenicios se destacaron por su desarrollo comercial, y los Hebreos por su aporte espiritual.
Podemos señalar que antes del año 1.000 a. de C. esta región estaba bastante poblada y los diversos pueblos que en ella habitaban habían desarrollado un sistema de vida basado principalmente en las actividades agrícolas.

Mesopotamia
Los griegos llamaron Mesopotamia - que quiere decir entre ríos- al fértil territorio ubicado entre los ríos Tigris y Eufrates. Ambos caudales corren paralelamente, atravesando un llano de aluvión que forman con sus inundaciones. Nacen en las montañas de Armenia, recorren el país de norte a sur y desembocan en el Golfo Pérsico.
El territorio de Mesopotamia se divide en dos partes geográficas: la Alta Mesopotamia, al norte del territorio; y la Baja Mesopotamia, al sur. En la parte alta, los ríos corren rápidos y son torrentosos; en cambio, en el sur las aguas corren lentamente y facilitan la agricultura.
La riqueza natural de Mesopotamia siempre ha atraído a pueblos procedentes de las regiones vecinas más pobres, y su historia es la de continuas migraciones e invasiones. La lluvia es escasa en la mayor parte de la región, pero cuando el fértil suelo se riega a través de canales produce abundantes cultivos.
Las llanuras de Mesopotamia carecían de defensas naturales y fueron fácil presa de invasores, la riqueza del territorio fue motivo para que muchos pueblos lucharan por instalarse y mantenerse en el lugar. Las invasiones y las guerras no cesaron de interrumpir el desarrollo de la historia de Mesopotamia, determinando que tuviese características violentas. En el curso de los siglos, se sucedieron allí distintos pueblos. Los pueblos más importantes que habitaron el territorio de Mesopotamia fueron: sumerios, babilonios y asirios.


Babilonios
Del oeste llegó una nueva oleada de semitas, los amoritas, que se instalaron hacia el 2.100 a. de C. en Mesopotamia. El más destacado de los amoritas fue Hammurabi, que subió al poder hacia el año 1730 a. de C. y transformó la ciudad de Babilonia en el centro de un nuevo imperio mesopotámico.
Hammurabi sometió a las demás ciudades y unificó bajo su cetro toda la llanura. Bajo su reinado florecieron el arte y el comercio.
El Código de Hammurabi
La obra inmortal de Hammurabi se desarrolló en lo legislativo. Este rey puso por escrito de manera ordenada, una serie de leyes, dirigidas a organizar la vida de los habitantes de Mesopotamia. Esta obra se conoce con el nombre de Código de Hammurabi, es un notable testimonio del grado de civilización alcanzado en tiempos tan lejanos al nuestro.
El Código está enmarcado por un prólogo y un epílogo, contiene 280 artículos. Sus preceptos se refieren a derecho civil, penal y administrativo, sin establecer entre ellos una separación radical.
Las leyes que regulan la propiedad, las ventas, cambios y expropiación ocupan la mayor parte de este escrito. Son famosos los artículos que constituyen el primer ejemplo de la llamada Ley del Talión: "Si un hombre destruye el ojo a otro hombre, se le destruirá el ojo; cuando un hombre acusa a otro de homicidio sin poder probarlo, el acusador debe ser muerto; si un hijo golpea a su padre se le cortarán las manos".
Hammurabi indicó claramente que su obra pretendía ser una ayuda para el que buscara la justicia. El código también fue estimado como obra literaria; en las escuelas de escribas lo transmitieron hasta el primer milenio.

Asirios
La fértil llanura de Mesopotamia fue el escenario del encuentro y choque entre los pueblos circundantes, que desde las montañas o el desierto, pretendían establecerse en el rico valle.
Intentaron su conquista los hititas , pueblo indoeuropeo, procedente de los montes de Anatolia (actual Turquía asiática); y los mitannios, otro pueblo indoeuropeo que terminó por encontrar su asiento en la India, junto a otros grandes ríos: Indo, Ganges y Brahmaputra. Por último, se impusieron los Asirios, semitas, que habitaban en la región montañosa de la Alta Mesopotamia, aproximadamente, en el año 1.170 a. de C. Después, Asirios y Babilonios se disputaron el poder con éxitos alternos.

Violentos y cultos
Los Asirios son considerados como el pueblo más violento de la historia antigua, organizaron un ejército que se convirtió en el más formidable de Oriente. Su arma decisiva era la caballería, por la gran movilidad en todo terreno de sus jinetes flecheros; eran despiadados guerreros y salvajes saqueadores.
Por otra parte, lograron un buen desarrollo de la cultura. Entre sus obras destacó la construcción de la gran biblioteca del Rey Assurbanipal, quien además extendió su dominio desde el Nilo hasta el Cáucaso.
Este imperio fundado en la violencia y el terror se desplomó cuando fueron derrotados hacia el año 612 a. de C. y Nínive su capital fue arrasada. Los Babilonios volvieron a recuperar su importancia y se inició un nuevo período, el Imperio Neobabilónico, que alcanzó su mayor esplendor con Nabucodonosor II. Este arrebató Siria a los egipcios y conquistó Palestina, cuyos habitantes fueron deportados a Babilonia (587 a. de C.).
Ninguna ciudad del Oriente ha dejado un recuerdo tan intenso como el de Babilonia. Se convirtió en la mayor y más magnífica de todas, sus jardines colgantes, es decir, dispuestos sobre las terrazas de los palacios, eran una de las siete maravillas del mundo.
No solo la Biblia, sino también los escritores griegos clásicos, están llenos de admiración frente a esta ciudad, que consideraron la capital de Asia. En el año 539 a. de C., las tierras de Mesopotamia fueron nuevamente invadidas por un pueblo extranjero: Ciro, Rey de los Persas se apoderó de la región y la integró a su gran imperio.

Los fenicios
En un estrecho territorio, entre las montañas del Líbano y la orilla oriental del Mar Mediterráneo, se encontraba una población de lengua y cultura semítica: los Fenicios. En esa zona, la montaña y los valles encajonados dividen la planicie en compartimentos aislados entre sí, donde no hay sitio para la construcción de muchas ciudades ni para cultivos. En la costa, rocosos promontorios y pequeñas y abrigadas bahías brindan excelentes puertos; la naturaleza favoreció a los fenicios para que ellos fueran grandes marinos y hábiles comerciantes.
Comerciantes y navegantes
Los Fenicios hicieron del comercio la base de su política y se dedicaron con tanto éxito a la navegación, que llegaron a ser considerados especialistas indispensables, a quienes tenía que acudirse para todos los negocios marítimos. Instalados en el borde de Asia en los puntos terminales de las grandes rutas de las caravanas, ellos las prolongaron en el mar con tanta eficacia, que durante muchos siglos todo el comercio mediterráneo estuvo en sus manos.
Su función cultural consistió en ser intermediarios entre Oriente y Occidente, y en difundir por los países periféricos del Mediterráneo las artes, las ciencias y las religiones orientales junto con sus mercancías.
Fenicia era un país tan fragmentado nunca logró unirse como nación. La historia de los Fenicios es la de una serie de pequeñas ciudades generalmente gobernadas por una aristocracia de ricos mercaderes, independientes y rivales. Las principales ciudades-Estados eran Biblos, Sidón y Tiro, con distintos momentos de esplendor entre el 3.000 a. de C. y el 600 a. de C.

Principales ciudades
Biblos: fue el centro principal del comercio del papiro, material usado en la Antigüedad para escribir, que se obtenía de la elaboración especial de los tallos de una planta que crecía solo en el Bajo Egipto. Es de destacar que la palabra que en griego significa libro (biblos) deriva precisamente del nombre de aquella ciudad.
Sidón: extendió el comercio fenicio por toda la cuenca oriental del Mar Mediterráneo. Estableció factorías en Chipre, Rodas y en la mayor parte de las islas del Egeo. Sus habitantes también exploraron el mar Negro.
Tiro: ciudad edificada en una excelente posición defensiva. Los tirios se dirigieron hacia el Mediterráneo Occidental y fundaron numerosas colonias en Malta, Sicilia, Cerdeña, España y en Africa Septentrional. De todas ellas, la más conocida es la de Cartago, fundada hacia el 814 a. de C. en las cercanías de la actual Túnez.
La colonización fenicia no tenía carácter político, no tendía a la expansión a la conquista de territorios. Los fenicios se limitaban a establecer factorías comerciales.
Navegación y comercio
Los Fenicios construían sus navíos con maderas de árboles del Líbano: cedros y cipreses. Hasta hoy, estos árboles son muy preciados para construcciones navales porque proporcionaban maderas incorruptibles.
El birreme fue la embarcación que permitió a los Fenicios recorrer extensas distancias, estaba constituido por una doble fila de remos y una vela fija, que era de gran utilidad cuando soplaba viento favorable.
Este pueblo recorrió las costas del Mar Mediterráneo, el Mar Báltico, las costas de Inglaterra e incluso circunnavegó Africa. Aunque la autenticidad de esta última empresa ha sido puesta en duda por algunos historiadores, sí se ha demostrado que los Fenicios exploraron la costa oeste africana.
Realizaron un intenso comercio de diversos productos: estaño y ámbar de los países septentrionales; metales útiles (cobre, estaño, bronce) o preciosos de España, Grecia, Asia; piedras preciosas de la India; maderas del Líbano, ébano y marfil de Africa, mármoles de Grecia, especias y perfumes de Arabia, papiro de Egipto, trigo de los países ribereños del Mar Negro, vinos, aceites, frutas, caballos, ovejas, lana, tejidos, cerámicas y esclavos.
A todos estos artículos de comercio agregaban los productos de su propia industria, practicada en grandes talleres. Los más característicos eran el vidrio transparente - que obtenían con la arena de sus playas- y las telas de color púrpura, muy estimadas en todo el mundo antiguo. El colorante se lograba con el líquido de un molusco llamado murex, según un procedimiento que los Fenicios procuraron mantener en secreto.
La cultura fenicia
La religión fenicia era politeísta. Cada ciudad tenía su dios y señor, el Baal. Este fue llamado Melkart en Tiro, Adonis en Biblos, Amón en Cartago. La diosa suprema Astarté, era frecuentemente unida al Baal de las diferentes ciudades.
Una invención que demuestra el genio práctico de este pueblo fue el alfabeto. Las escrituras hasta entonces utilizadas - escritura cuneiforme y jeroglíficos egipcios- eran de gran complejidad y no permitían llevar cuentas minuciosas ni sostener una asidua correspondencia comercial. Los Fenicios crearon un alfabeto de 22 signos consonánticos, que simplificó y facilitó el registro escrito. Todos correspondían a sonidos simples emitidos por la voz humana.
Este alfabeto comenzó a difundirse aproximadamente hacia el siglo XIV a. de C. Sirvió como base del alfabeto de los griego, quienes le agregaron las vocales.
La invención del alfabeto ha tenido consecuencias enormes en el desarrollo de la cultura y del pensamiento.

Persia
Antiguo país de Medio Oriente, que ocupa a finales del siglo XX el territorio de
Irán, especialmente los Montes Zagros, al este de Mesopotamia.
Los entendidos de todos esos registros históricos, deducen con cierta seguridad que los persas formaban parte de una tribu familiar conocida como
iranios, los cuales eran miembros de un grupo todavía mayor designado con el nombre de arios, un variado conjunto de tribus nómadas cuya tierra original radicaba probablemente en las llanuras eurasiáticas de la parte sur de Rusia. Aproximadamente entre el año 2000 y el 1800 antes de nuestra era, los arios iniciaron su migración desplazándose algunos hacia el subcontinente indio, mientras otros orientaban sus pasos hacia el oeste a través del Irán y penetraban hasta la parte norte de Mesopotamia y Siria. Alrededor del año 1400 AC, un tercer grupo de arios - que incluiría a los persas- se trasladó hacia el interior del Irán procedente del noroeste y desplazándose gradualmente hacia el oeste
El país de Persia ha sido ocupado sucesivamente por una serie de pueblos e imperios:
Gutis.
Imperio Elamita
Media.
Imperio Persa.
Reino Parto.
Imperio Sasánida.
Califato Omeya.
Califato Abasida.
Il-Khanes.
Imperio Safávida.
Irán.
Persia ha sido un término utilizado extensivamente en occidente para nombrar el territorio alrededor de los
Montes Zagros, y en su sentido más amplio, a todo Irán. Utilizado inicialmente por el pueblo griego, debido a su creencia en que Perses, hijo del héroe mitológico Perseo y Andrómeda, princesa de Etiopía se asentaría en el territorio de los Montes Zagros, donde gobernaría al pueblo nativo de aquella región, dándose a llamar pueblo Persa en su nombre.
Esta historia sería utilizada por
Jerjes I, ventajosamente para convencer a la ciudad de Argos a luchar del lado persa, afirmando ser de su misma descendencia, al haber sido Perses su líder común en tiempos pasados, ya que los habitantes de Argos lo consideraban de esa manera[1].
Sin embargo, hoy en día es sabido que Persia es simplemente el nombre
helenizado de Pārsa, que en Persa antiguo significa "por encima del reproche".
Después de la
invasión árabe de Persia, los árabes y musulmanes en general, al no poseer en el alfabeto árabe un equivalente a la letra "P", le llamarían Fars, hoy día provincia de Irán.
Israel
En Israel en los tiempos antiguos, e incluso de la época de Jesucristo, hablar abundantemente y bien, con arte y fuerza expresiva, era el patrimonio de los que hoy llamamos escritores. La transmisión oral se apoya sobre todo en la memoria, con la ayuda de cierta argucia nemotécnicas; más todavía, el arte de aprender y de retener cualquier asunto en la memoria formaba una sola cosa con el arte de componer. De ahí que el estilo oral tuviese un influjo muy directo sobre el estilo literario del texto escrito. Basta, por ejemplo, leer algunos pasajes del Evangelio para apreciar el ritmo y rima de muchas de sus frases, la repetición de ciertas palabras, etc., trucos que vienen en auxilio de la memoria. Los grandes descubrimientos arqueológico de nuestro siglo, desde el Sinaí hasta Ras-Shamra, muestran que han existido escritos bíblicos muy antiguos, anteriores al siglo X y quizá del siglo XII a.C., si bien estos escritos, durante largo tiempo, fueron ante todo
apoyos para la memoria.

viernes, 28 de septiembre de 2007

Creta


Prehistoria
A pesar de su situación geográfica y el favorable clima, los primeros pobladores de Creta no hicieron su aparición hasta el
Neolítico, llegando en dos grandes oleadas. El tipo étnico colonizador no está relacionado con ninguna de las grandes razas, clasificándose como «mediterráneo», al igual que las gentes que poblaban las cercanas costas de Asia Menor o las vecinas islas Cícladas, cuyos pobladores progresaron durante mucho tiempo a un ritmo similar al de los cretenses. Sin embargo, a mediados del III milenio adC., ya en la Edad del Cobre, se produjeron una gran cantidad de avances en la isla que acabaron conduciendo a la brillante civilización minoica.
Protohistoria y Edad Antigua
Lo más destacable es la aparición de la
Civilización Minoica una de las primeras aparecidas en Europa y una de las civilizaciones prehelénicas junto a la posterior Civilización Micénica. Durante la Civilización Minoica, en la que se dieron varias fases y altibajos, Creta llegó a su máximo esplendor, siendo los siglos XVI y XV adC. los de mayor auge. Durante ellos Creta estableció una talasocracia que se extendía hasta la Grecia peninsular, el mar Egeo, las costas de Asia Menor y zonas adyacentes como Sicilia. Durante esta época los contactos con Egipto, existentes desde anteriormente, fueron muy importantes.
Sin embargo, hacia finales del siglo XV la isla sufrió la invasión de los
aqueos, quienes habían desarrollado una civilización en la Grecia continental, fundamentalmente en el Peloponeso, no exenta de fuertes influencias cretenses. Con la expansión de los invasores, los cretenses abandonaron los palacios y aparece la escritura lineal B, que se ha logrado descifrar. Los aqueos introducen en Creta el caballo, el carro de guerra y armas más eficaces. Aunque hacia el 1425 adC. se produce una rebelión antiaquea, ésta resulta aplastada y Creta pasa a formar parte del mundo aqueo, iniciándose para la isla un periodo de decadencia. Artesanos, obreros y tesoros cretenses son llevados a las ciudades micénicas continentales, barajándose también la posibilidad de que una colonización de emigrados cretenses en las costas del sur de Canaán fuese el origen de los filisteos o filistenos, que aparecen en la Biblia y que dieron nombre a la región de Palestina.
La decadencia de Creta, iniciada con la hegemonía aquea, se vio acentuada en el siglo XI adC. con la invasión de los
dorios, portadores del hierro. La isla pasa a ser una parte más del mundo griego, sin originalidad y dividida en ciudades rivales. Incluso en época clásica (siglo V adc.) conserva cierto arcaísmo, como lo demuestran las Leyes de Gortina, una de las ciudades que datan de tiempos minoicos. La decadencia de la isla fue tal a partir del 500 adC. cayó en el olvido y no tomó parte ni en las Guerras Médicas, ni en la del Peloponeso.
Conquistada por
Alejandro Magno, a su muerte, Creta gozó de cierta independiencia sobre otros reinos helenísticos cercanos, pero tras la decadencia helenística la isla queda en manos de piratas de origen siciliano, lo que provocó que los romanos se apoderasen de la isla en el 67 adC. en una expedición comandada por Cecilio Metelo y la agregasen como provincia romana. La división del Imperio Romano en el 395 devolvió a la isla un cierto papel importante dado su enclave como llave del mar Egeo, quedando en manos del Imperio Romano de Oriente o Imperio Bizantino.

Edad Media
Se mantuvo en poder del
Imperio Bizantino en el que desempeñó un papel estratégico cuando comenzaron las conquistas musulmanas en el siglo VII. Dos siglos, más tarde, (826) cayó en poder de un grupo de musulmanes andaluces, que fundaron la base fortificada de «Jandak» (Candía) y que desde allí hostigaron a los bizantinos. El dominio musulmán duró hasta 961, cuando el emperador Nicéforo Focas reconquistó la isla, inaugurando una época de paz y estabilidad, que favoreció su desarrollo económico. Cuando Bizancio cayó en manos de los cruzados en 1204, iniciándose el llamado Imperio Latino, la isla fue adjudicada a Bonifacio de Montferrat quien rápidamente la vendió a Venecia que la convirtió en el punto estratégico clave de sus intereses en el Mediterráneo oriental y la poseyó hasta mediados del siglo XVII.

Edad Moderna
Desde el siglo XV Venecia hubo de hacer frente al expansionismo
otomano, al que contuvo hasta que en 1645 los turcos desembarcaron en la isla iniciando su conquista, finalizada cuando los últimos reductos venecianos sucumbieron en 1669. Se inició para Creta un nuevo periodo de declive

Atenas



Atenas fue la principal ciudad estado de Grecia durante el período de mayor esplendor de la civilización griega. Aproximadamente entre los años 500 a.C. y 323 a.C. fue el mayor centro cultural e intelectual del mundo, y estuvo en el origen de muchas de las ideas, logros y prácticas de la "civilización occidental", entre ellos el concepto de democracia. La derrota frente a Esparta en el año 431 a.C., el auge de Macedonia en la posterior época helenística y finalmente la conquista romana fueron restando poder y prestigio a Atenas. El fin de la era clásica se sitúa en el año 529, con el cierre de las escuelas de filosofía.
Durante el imperio bizantino se dio que Atenas entró en una decadencia más acusada, quedando reducida a una pequeña ciudad de provincias, mientras el centro de poder y cultura bizantino en el territorio de Grecia se trasladaba a
Mistra. Sin embargo durante el período de los siglos XI-XIII la ciudad vio un período de esplendor que ha quedado grabado en sus múltiples iglesias, monasterios, fortalezas y monumentos medievales que pueden visitarse hoy día. Entre los siglos XIII y XV la ciudad cambió de manos varias veces, entre los griegos (bizantinos) y los caballeros franceses e italianos del Imperio Latino, que llegaron a establecer un ducado en Atenas; catalanes y sicilianos también ocuparon la ciudad en diversos momentos. Finalmente, en 1456 fue conquistada por el Imperio Otomano.
En los siguientes siglos la población declinó considerablemente, quedando Atenas reducida a un mero pueblo de 5000 habitantes en su peor momento. Sufrió un ataque
veneciano en 1687 (el bombardeo veneciano del general Morossini fue responsable de la explosión de un polvorín turco que arruinó el Partenón) y una respuesta turca al año siguiente. Tras la Guerra de la Independencia Griega (1821-1829) Atenas pasó a formar parte del nuevo Estado griego, y fue nombrada capital de Grecia el 18 de septiembre de 1834.
Desde la creación del Estado griego moderno Atenas no ha dejado de crecer en peso económico, influencia política y población. Durante el reinado del
Rey Otón se construyeron múltiples edificios públicos y se planificó el crecimiento de la ciudad. Tras el desastre de Asia Menor en 1921, más de un millón de refugiados griegos procedentes de Turquía fueron acogidos en el país, gran parte de los cuales se trasladaron a Atenas, lo que resultó en un crecimiento explosivo y desordenado. La siguiente oleada inmigratoria se produjo tras la Segunda Guerra Mundial (durante la cual Atenas fue ocupada por fuerzas alemanas), cuando la población de muchas zonas rurales e islas se trasladó a Atenas. Se produjo nuevamente un crecimiento muy rápido y caótico, que está en el origen de los grandes problemas de tráfico y contaminación que ha soportado la ciudad. Las grandes obras de infraestructura realizadas desde el ingreso de Grecia en la Unión Europea, especialmente para la preparación de los Juegos Olímpicos de 2004, han conseguido paliar parcialmente estas dificultades y mejorar la calidad de vida en Atenas. Actualmente la ciudad es el centro político, económico y cultural de Grecia, y un destino turístico de gran importancia internacional.